¿Cuál fue tu última elección?

Llevaba poco tiempo trabajando allí pero el suficiente como para bajar con mis compañeros a la pequeña cafetería que se encontraba a escasos metros de nuestras oficinas.

Como siempre, pedí un café con leche y mis tostadas con aceite y sal, y escuchaba tímidamente como mis recién estrenados compañeros hablaban sobre la edad del pavo y otras conductas dignas de estudio de sus incipientes hijos adolescentes.

De pronto, como una señal, llegó ella, no superaba los 165 centímetros, regordeta y con más de 50 años a sus espaldas, venía solo a por el pan porque “el jamón ya lo traigo yo de casa”, y sus ojos se clavaron en mí.

Trataba de fijar mi atención en la conversación, pero era realmente difícil hacerlo cuando sabes que hay unos ojos vivarachos fijos en ti y que no hacen más que observarte.

De repente lo hizo, sin dejar de mirarme pregunto a la mesa: “¿Quién es esa chica?, ¿De dónde ha salido esa chica?” Pretendía contestarle yo directamente, pero mis compañeros se me adelantaron a responder con avidez quién era yo y de dónde había salido.

Inmediatamente sacó su dedo índice, me señaló y dijo las palabras más simples pero más complejas a la vez: “Llevo tiempo observándote, siento que tengo que decirte una cosa. Sé selectiva, puedes serlo y has de serlo, tienes el poder y la capacidad para serlo en todo cuanto se presente en tu vida”

Le di las gracias, nunca había pensado en ello, pero tenía toda la razón del mundo. De pequeños defendemos nuestras ilusiones a capa y espada, coloreamos la vida del color que elegimos, y con los años perdemos esa capacidad de selección. El dolor nos mutila, equivocarse da miedo, y dejamos de andar con paso firme y asertivo, pero en cierto modo, desde que abrimos los ojos  hasta que los cerramos, cada día, es una concatenación de elecciones que nos llevan a situaciones distintas dependiendo del camino que elegimos.

¿Hasta cuándo vas a dejar que elijan por ti? No tiene ningún sentido continuar viviendo sin la coherencia de una elección. Elige bien tus colores. Sí, también durante el resto de tu vida.

 

 

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