No dueles

No dueles, nunca has dolido. No hay desgarro, sangre derramada ni heridas por curar. No hay ansiedad, desesperación ni depresión. Nadie te quita nada porque nadie te lo da.

Tú y él sois tan diferentes como iguales. Tú eres tú para él porque un día resonasteis, del verbo resonar, “hacer sonido por repercusión o sonar mucho”. Pues eso, resonasteis. Como si tu corazón al bombear la sangre lo hiciese a la vez con otro corazón y con otra sangre distinta y extraña, con la única contradicción de que esa sensación resultaba demasiado familiar. Eso es resonar.

Cara de póquer, no querer entender y querer resolver una ecuación cuyas incógnitas van desapareciendo cuando tratas de despejarlas. Hasta que llega un día en el que entiendes que no hay nada que despejar, no hay nada que hacer, básicamente porque hay cosas que sí, se nos escapan y no debemos rascar más. Suceden y eso es maravillosamente perfecto.

Dure lo que dure, pase lo que pase, tire quien tire, abandone quien abandone, en la mayoría de los casos aparece el FIN. Pero antes de ese FIN te quedaste ahí, en esa sincronicidad arterial porque la curiosidad, la alegría, el entusiasmo, la paz y la resonancia se disparaban con demasiada facilidad, de eso se trata.

La magia es como una composición clásica, empiezan los instrumentos de viento y puedes intuir cómo va a desarrollarse la melodía y a la magia se la intuye, se la huele de lejos  y en muchas ocasiones termina, pero lo hace con el protagonismo de los instrumentos de percusión, así, como resonando mucho.

Y duele, dijeron que debía doler y dolió. Desampara y es posible notar pinchazos donde menos te lo esperas. Pero nadie duele. Simplemente la sincronicidad arterial se pierde, se separan los ritmos cardíacos y se trata de volver a latir a solas. No es fácil, pero no hay más, es bastante simple. El truco no tiene ni trampa ni cartón. La magia ha hecho su trabajo, es todo.

Es poco habitual llegar a resonar, tan solo los ritmos cardíacos más exquisitos lo consiguen. Cuando sucede, prepárate para el concierto de Brahms pero cuando todo acaba, simplemente es volver a escuchar un compás en solitario, nada más.

Si resonaste es que tú ya venías de serie con tu curiosidad, tu alegría, tu entusiasmo y tu paz y el responsable de hacer que las incógnitas desaparezcan de las ecuaciones hizo que os encontrarais, empezarais a sonar juntos y empezase el vals, el tango o la cumbia (el ritmo lo marca la percusión).

Nadie duele, nadie muerde y nadie escuece. Al igual que es imposible vivir sin latir, es imposible amar sin tener amor.

Si te llenan, te vacían y aunque cueste creerlo no es amor, concretamente es nutrir el ego.

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