Tu último unicornio

tu ultimo unicornio

Me acabas de llamar a la hora urgente. Me he quemado el dedo pulgar con la olla exprés y casi explota sobre mí, como tú. Te he cogido el teléfono y te he espetado nuestro grito de guerra, pero en realidad yo ya sabía que al otro lado estarían tus mocos y tu voz esquizofrénica indecisa, calibrando los daños colaterales que existen entre gritar, romper a llorar o optar por comerte el teléfono.

“No me puede estar pasando de nuevo… Ya van tres en seis meses”, pues no, no puede pasarte esto de nuevo, pero lo cierto es que te está pasando y no sé cómo soportas estar en tu cabeza y en tu piel.

Esta vez el mensaje ha sido tan esclarecedor como explicativo “me gustas, pero no” y tú te has dado la vuelta como un calcetín y ahí te tengo al otro lado del teléfono. No sé dónde tienes los pies para cogértelos y que experimentes una toma de tierra sensata e indolora.

“Me gustas, pero no”. Pretendes que disertemos sobre la fonética, la coherencia, cohesión y significado de la frase, pero no ves que mi móvil está repleto de capturas de tus conversaciones con él  y ni el mismísimo Freud sería capaz de llegar a esclarecer su tormento emocional y sexual, así que no esperes que tenga fuerzas para animarte analizando esta frase tan positiva como negativa perfectamente estructurada.

Tener 30 años debería darte la suficiente cordura como para no meterte a la caza de especies en peligro de extinción. No vale la pena. Desgasta, agota y el final es previsible y como el último minuto de vida, debería pasarte como una película por tu mente nada más cruzar la primera mirada o el primer “match”. Pero nada, no aprendemos.

El tercer unicornio en seis meses. Yonqui de los obstáculos, drogadicta de los retos o tonta perdida, cualquiera de las tres te valen, te ríes pero te vuelves a subir las mangas de la camisa cuando ves a otro saltar mientras te dedica una mirada seductora. “Es que el magnetismo es pura droga” y llevas más de diez años coronando cotos privados de caza que te tomas como deporte olímpico y personal, y así, no hay manera.

Los unicornios tienen nombre propio, el último empezaba por “H” y su “me gustas, pero no” te ha torturado en la cabeza como un martillo pilón hasta que te has saciado, pero bien de inseguridad y baja autoestima y aquí me tienes, untándome pasta de dientes en el dedo mientras te escucho concentrada decir lentamente y en bucle “me gus tas pe ro no”.

Considera la idea de huir en dirección contraria a la de esa mirada magnética, considérala, porque esta sociedad está creando unicornios con necesidad de grupies para saciar un ego insaciable y yo amiga, ya no encuentro palabras para analizar oraciones simples, contradictorias y tan llenas como vacías de intencionalidad.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s