Ella

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A su edad, bien adulta, su madre le confesó que admiraba su resiliencia, su capacidad por intentar comerse todos los marrones sin pedir ayuda.

Le recordó cómo a los tres años observó cómo esa niña le daba una patada por debajo de la mesa. Ella no se quejó, le clavó los ojos en busca de respuestas… “Quizás he intentado entender las acciones del otro para poder responder”, “quizás sabía que nunca me podrías ayudar, porque solo me ayuda comprender”, contestó.

Por eso, aún hoy prefiere dar la espalda al mar y crear universos paralelos sobre quién está detrás de la ventana y porqué es como dice ser.

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